Dos Años En Solidaridad: Mis Experiencias Y Aprendizajes Con La Comunidad De GlobalGiving En México

Después de dos años trabajando con la comunidad de GlobalGiving en México, María comparte una reflexión sobre las experiencias, aprendizajes, y algunos de los retos que ha vivido durante este periodo.


 

La riqueza cultural, solidaridad y resiliencia que caracteriza a México siempre me ha fascinado. Personalmente, el sector filantrópico se ha convertido en un espacio desde el cual me ha sido posible entender, cuestionar e involucrarme en las problemáticas que más me interesan, así como buscar soluciones para construir un país más equitativo.

Desde inicios del 2018, he tenido el honor de presenciar la dedicación y capacidad con la que las organizaciones que forman parte de nuestra comunidad llevan a cabo cada programa que desempeñan. Desde la titánica labor de reconstrucción física y social que se llevó a cabo a partir de los sismos de 2017, hasta las formas en que nuestros miembros se retan a repensar las metas de sus programas conforme la situación en el país lo amerita.

Hoy, la comunidad de GlobalGiving en México está conformado por 123 organizaciones trabajando en los 32 estados alrededor de la República. Sería imposible hacer un recuento de los aprendizajes y experiencias que me ha dejado GlobalGiving en México; son innumerables. Sin embargo, más abajo resalto algunos que considero vale la pena compartir.

La colaboración nos hace más fuertes

En México, las organizaciones sin fines de lucro complementan y en ocasiones suplen las responsabilidades de bienestar social que corresponden al Estado. El sector filantrópico en nuestro país está conformado por organizaciones sumamente talentosas y dedicadas, en ocasiones rebasadas por las problemáticas que están atendiendo. Es imposible encontrar todas las respuestas a los problemas sociales y ambientales solos. Compartir aprendizajes y experiencias –y continuar buscando formas eficientes para hacerlo– es clave para avanzar en conjunto y desarrollar un sector más resiliente, transparente y solidario. Tal es el ejemplo de CREA Comunidad de Emprendedoras, quienes actualmente desarrollan una estrategia para compartir su metodología de empoderamiento de mujeres con otras organizaciones ubicadas en Oaxaca. El desarrollo de alianzas entre organizaciones que comparten una misión es y siempre será fundamental para poder alcanzar una meta común.

Los modelos sustentables incluyen a las comunidades donde se trabaja

La diversidad ambiental y cultural es una de las grandes riquezas de México, y también implica que debemos de considerar elementos adicionales y muchas veces complejos al crear y desarrollar un programa dentro de nuestras organizaciones. Para desarrollar programas más justos y sostenibles a largo plazo, es crucial incluir las voces, perspectivas y metas de las comunidades locales para quienes trabajamos, tanto en comunidades rurales como urbanas. Hay que construir modelos cuya meta final sea transferir la implementación de nuestros programas a líderes comunitarios. Puede sonar paradójico, pero trabajemos para poder dejar de existir.

La transparencia es una labor colectiva

Fomentar el libre acceso a la información —y mostrar apertura para que otros conozcan nuestro trabajo— es fundamental para abonar a un tercer sector más confiable. La transparencia aplica para diversos frentes: para el trabajo que realizamos con nuestros aliados, donadores, miembros de nuestra organización e individuos de las comunidades donde trabajamos. Por ejemplo, en Cooperación Comunitaria, los reportes de avances —tanto en comunidad como a nivel institucional—incluye a todos los actores involucrados, y consideran todas las voces por igual. En México, vivimos constantes retos en torno a la transparencia —muchos de ellos provenientes de otros sectores— aunado a un difícil clima de financiamiento. Sin embargo, he aprendido que si generamos lazos de confianza desde la base de nuestras organizaciones y desde las comunidades donde trabajamos, estos tienden a extenderse y generan hábitos que se transmiten colectivamente.

Es posible construir un tercer sector que va más allá de las visiones tradicionales de filantropía

El camino para transicionar de un tercer sector asistencialista a uno que busca colaborar y empoderar a las personas ha sido largo en México. Sin embargo, la definición tradicional de filantropía en nuestro país ya cambió, y continúa transformándose. En este nuevo camino, miles de organizaciones mexicanas ponen al frente la participación de la sociedad civil y cultivan la capacidad de escuchar a las personas con quienes trabajan. Reconocer las capacidades, recursos y experiencia de las comunidades donde trabajamos en la elaboración de nuestros programas es crucial para desarrollar un modelo de filantropía inclusivo y eficiente.

En este mundo globalizado, necesitamos partir de soluciones locales para crear modelos sustentables. Los cambios sistémicos empiezan desde la base, probablemente a un paso más lento de lo que nos gustaría. Sin embargo, es importante reflexionar cómo y para quién estamos trabajando para encontrar soluciones participativas. Poco a poco, en México se ha dejado de hablar de beneficiarios para convertirlos en aliados. Continuemos estas prácticas que nos permiten seguir trabajando por un sector filantrópico que pone al frente las necesidades de sus aliados y aboga por la autonomía de nuestras comunidades.

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